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viernes, 27 de diciembre de 2013

Fiesta de Reyes con nuestros mayores. Velada benéfica. Jiménez de Jamuz


                   
                                 Cartel de Eugenio Fernández.




                                 
         Estupenda velada que acogió a familias, amigos y niños en  torno a una causa tan noble como necesaria. Estar cerca de nuestros mayores, arropando la labor de quienes a diario concentran sus esfuerzos en hacerles sentir que son importantes en nuestras vidas, mientras les cuidan y les dan cariño, hace que me reafirme en mi creencia de que la condición humana, a pesar de otros desvaríos, sigue mereciendo mucho la pena.  Así que, gracias a Jorge, a Azucena, a los niños de Jiménez y a tantos otros que hicieron posible este pequeño milagro.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Un intruso en la escena II (artículo publicado en la revista científica Cuadernos de Criminología; QdC)

Abundemos un poco más en el artículo anterior. Resulta que el famoso principio de intercambio: “Quincumque tactus vestigia legat” (todo contacto deja un vestigio), es una realidad válida que robustece nuestra actividad investigadora; pero también –como ya dijimos- puede echarla al traste cuando somos nosotros mismos o nuestros colaboradores los que por ignorancia, accidental o imprudentemente, contaminamos su naturaleza.
Es inevitable, quien delinque y no, lo hace actuando materialmente sobre las cosas y en ese acontecer se produce ese mutuo intercambio de vestigios.
Éste se puede producir entre personas, entre personas y objetos, y entre objetos. Así estaríamos hablando de transferencia primaria, que es la que se da entre el agresor y la escena (y viceversa); el agresor y la víctima (y viceversa), o el investigador (u otros intervinientes) y la escena o la víctima (y viceversa). Pero aún habría una trasferencia secundaria, que sería la procedente de un contacto anterior. Qué ocurre, pues que, la existencia de esta última puede multiplicar la carga de trabajo, pero también el valor probatorio del rastro, de modo que en ciertas ocasiones nos permita relacionar varias escenas entre sí, esto es, las que han sido objeto de la acción criminal y las que pertenecen al entorno del autor. Claro que, sin nos fijamos detenidamente en lo dicho hasta ahora, y más concretamente en la trasferencia primaria que se produce entre el investigador y la escena o la víctima, detrás, hay algo que desnaturaliza el proceso de trasferencia y que, sencillamente, se traduce en contaminación. Las técnicas que hoy se utilizan en los laboratorios están tan desarrolladas que permiten un análisis diferencial y comparativo para casi todo, con su consiguiente coste, claro. Así que, razón de más para que su uso racional, pase necesariamente por evitar que con nuestra irregular actividad, ralenticemos los procesos cuando no los colapsemos. Llegado a este punto en el que teorizando hemos alcanzado la reflexión práctica del artículo anterior, solo resta poner coto a este desafuero y hacer una serie de recomendaciones que eviten el fiasco de la inspección. Por ejemplo, ya dijimos que, quien primero llega al lugar de los hechos, su actuación genérica, pasa por proteger la escena. Ello implica -aparte de comprobar visualmente la realidad del hecho criminal y detener al autor si aún estuviese allí, neutralizar riesgos y peligros inminentes, auxiliar heridos, tomar notas de los testigos y personal de distintos servicios que allí se encuentren, expulsar curiosos….-, también, el uso desde el principio y como mínimo de los guantes de látex, especialmente en los supuestos que excepcionalmente haya que manipular indicios y efectos del delito, en cuyo caso se hará siempre por los lugares menos frecuentes, tales como esquinas, aristas, partes interiores, etc.
Todos los indicios son importantes, pero quizás, desde hace una década, la tecnología del ADN ha adquirido un protagonismo especial cuando tenemos que recoger y analizar indicios biológicos de interés criminal. Hoy, podemos extraer material genético de cualquier indicio biológico (sangre, pelos, semen, restos epiteliales, saliva…, etc.) e incluso, con las nuevas técnicas de amplificación genética (PCR: o reacción en cadena de la polimerasa), a partir de cantidades mínimas de material genético –picogramos- o muestras de éste muy degradado, se ha conseguido una información muy precisa a cerca de la identidad de la persona de la que procede el indicio. Con lo que, resumiendo, el resultado de la prueba del ADN tendrá mucho que ver con la calidad de aquélla, pero más por cómo se realice la recogida y el envío al laboratorio. Además, la admisibilidad de la prueba por los tribunales, con garantía suficiente de autenticidad e integridad, pasa necesariamente por un filtro de calidad que se llama cadena de custodia. Como ya dijimos, la recogida de indicios requiere por lo general una correcta protección usando guantes, pero también mascarilla, gorro, calzas, y un mono desechable. Y, ya que los indicios biológicos ocupan un lugar relevante en la investigación criminal, diremos a mayores que, respecto de su protección, es importante dejar secar los rastros a temperatura ambiente, (para que no actúen los microorganismos) y sin exponer al sol (para que la radiación ultravioleta no degrade el ADN).
Una vez protegidos el paso siguiente es la recogida, con lo que, dependiendo del caso, es preceptivo el uso de envases limpios, porosos e independientes, como podrían ser las bolsas de papel o cajas cartón. Estos envases facilitan la transpiración y evitan la degradación que sí se produciría si el envase fuese de plástico.
Si el indicio es una mancha líquida de biológico, podemos recoger una muestra de aquélla con un hisopo, la dejamos secar a temperatura ambiente y se introduce en un recipiente de papel o cartón. En el mismo indicio pero con la mancha seca, podemos aplicar otro hisopo, pero esta vez humedeciéndolo en suero fisiológico, luego se deja secar y se introduce en un recipiente de papel o cartón como el caso anterior.
Puede ser una obviedad, pero no está de más recordar que no se debe hablar ni estornudar sobre las muestras; que se debe utilizar, en la medida de lo posible, material desechable y de un solo uso y que, siendo válido para la selección, manejo y recogida de todos los indicios que nos podamos encontrar, se deben recoger los mínimamente lógicos y cotejables, los que no cuadren en la normalidad de ese medio y los no reiterativos. El paso último para refrendar la cadena de custodia, sería el etiquetado y singularizado con referencia única, además del lugar exacto de procedencia.

Para finalizar y ya que estamos hablando de indicios biológicos, siempre que se pueda, se debe tomar un frotis bucal como muestra indubitada de referencia.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Filandón músico-literario en San Román de la Vega.

DOMINGO 27 DE OCTUBRE

17:00 HORAS. Salón del pueblo.

Filandón músico-literario que gira en torno a la trama que desarrolla la obra: "Escombros de la memoria".

"Los personajes, las gentes que pueblan el relato, transitan los espacios y los tiempos y se descubren en acabada trama y misterio".

"Y todo ello implementado por una trama criminológica desarrollada magistralmente por este singular tándem paramés, al más puro estilo Holmes-Watson".

El tercio se cierra con la musicalidad de romances y coplas interpretadas en torno al fuego otoñal.



             Pasado el evento, quiero dar mil gracias a toda la gente que acudió aquella tarde de domingo a "filar misterios, tradiciones y romanzas" con el esmero que precisan las cosas sencillas pero importantes. Mil gracias también a la Asociación Cultural Patrón de San Román por sus desvelos para que fuese prestosa la velía.

                             ¡Nos vemos en los filandones!

jueves, 26 de septiembre de 2013

Filandón músico-literario en San Adrián del Valle.

Bodega Doña Rosa
 SÁBADO 12 DE OCTUBRE.

Casa de Cultura (anexo a las escuelas) 20:00 h


Filandón músico-literario que tomará como referencia el libro de estilo costumbrista Escombros de la Memoria. Inauguramos así el tiempo otoñal desgranando historias del pasado, hiladas con la musicalidad de romances y coplas que nos conducirán por el camino de lo que somos.

Ahora sólo queda que se haga prestosa la velía


Y lo fue, vaya que lo fue. ¡Qué buen rato pasamos en la Villa de San Adrián del Valle! Localidad con unas resonancias históricas que, entre todos, pasamos a limpio; intercaladas por romanzas, imágenes para el recuerdo y los misterios propios de la noche de los tiempos. Desde aquí, quiero dar mi sincero agradecimiento a la gente que tuvo a bien compartir este ratito para la gloria; también quiero dar las gracias al Área de Cultura del Ayuntamiento de San Adrián, a Miguel Ángel, Moisés, José Luis...., por su ayuda y colaboración.






jueves, 12 de septiembre de 2013

Recital de Romances en Cebrones del Río (León)



         El pasado día 9 de agosto tuvo lugar un recital de romances y coplas en el patio trasero de las antiguas escuelas del pueblo. Mayores y niños participaron activamente del evento; al término del cual hubo pastas y refrescos para todos. Una estupenda velada que puso punto final al I Encuentro Cultural organizado por la Asociación Recreativa y Cultural "Los Cébridos"

domingo, 18 de agosto de 2013

Francisco Ramón Ramón presenta su libro "La Vida Cotidiana en el Páramo Leonés a mediados del siglo XX", en la V Semana Cultural de Valcabado del Páramo; y de aquí a su pueblo natal, Roperuelos del Páramo.


El pasado miércoles día 24 de julio, tuvimos una presentación de lujo durante la V Semana Cultural de Valcabado del Páramo. Francisco Ramón Ramón, nuestro vecino de Roperuelos del Páramo, nos vino a  presentar su libro.

"Un relato hecho con las cosas sencillas, pequeñas y cotidianas que van llenando y modelando nuestra vida, y la de los que nos rodean; o sea, la historia más cercana y auténtica".  Así lo describe el autor con gran acierto.





Sabias palabras a las que considero, al tiempo, una declaración de principios y un modo de adivinar la propia personalidad del autor. 

Enhorabuena y mil gracias.






Y de Valcabado a Roperuelos. Agosto de 2013







También en su pueblo natal, Roperuelos del Páramo, dimos buena cuenta de su excelente hacer, al que añadimos unas notas de musicalidad en forma de romanza; en el atrio fresco de su iglesia, lugar en el que se dieron cita familia, paisanos y amigos.



Una tarde de verano que aún resuena en el recuerdo.
Me alegra saber que esta primera singladura ya ha dado entrada a la segunda edición.



lunes, 1 de julio de 2013

Un intruso en la escena (artículo publicado en el número 10 de la revista científica Cuadernos de Criminología; QdC)

En QdC1 le dábamos las gracias a Edmond Locard por haber enunciado su famoso Principio de Transferencia (Quiscunque tactus vestigia legat): todo contacto deja su rastro. O dicho de otro modo, en la escena del crimen queda algo del delincuente y éste se lleva algo de la escena. Ahora bien, que no haya indicios físicos, no quiere decir que tengamos que dar carpetazo al asunto porque las vías de investigación se agotan a falta de aquéllos. Si no los hay materiales, podemos recurrir a los psicológicos (acuérdense de la película “Seven”) y llegar igualmente a una solución satisfactoria. Quiero pensar que, al final, todo es cuestión del empeño que se ponga en el trabajo. Seguro que quienes han tenido la  tarea de  investigar a diario durante años, habrán llegado a la modesta conclusión de que es difícil no encontrar algo, dígase fibras, sangre, cabello, célula humana etc., que vincule unívocamente al autor con el crimen. Puede que estemos hablando de células microscópicas, partículas pertenecientes a útiles, restos mínimos en definitiva que, de no hallarse, puede obedecer a dos causas fundamentales:
             1ª) La falta de instrumental que sea capaz de detectar, además de las células o rastros microscópicos, las huellas dactilares que se asientan en la ropa, en los soportes porosos e incluso en la propia piel.
              2ª) La falta de preparación o inexperiencia del investigador.
Ahora bien, dando por bueno que tenemos medios y experiencia suficiente para escrutar una escena criminal con garantía de éxito ¿Qué ocurre cuando aquélla se ve desdibujada o contaminada por todos aquellos profesionales que acuden antes que los especialistas de la policía científica, a realizar las actividades propias de su especialidad? Claro que, en esto los protocolos parece que lo dejan bastante claro aludiendo a un concepto teórico que cuesta no poco esfuerzo llevarlo a la práctica. Es la coordinación. Pero seamos claros, en ocasiones, cuando se comete un delito de cierta alarma social, dígase una agresión sexual, un homicidio, un asesinato….., la coordinación de la que hablamos, al menos en los primeros momentos del hecho, es difícil hacerla efectiva. Empezando por el propio círculo de personas que interrelacionan en primera instancia con el agresor o la víctima –que no tienen porque coordinarse ni falta que les hace-, continuando por los curiosos –que los hay a cientos-, siguiendo con los  medios de comunicación, servicios sanitarios, comisión judicial…, finalizando con los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y,  dentro de éstos, los que integran las distintas especialidades. Total, que cuando se produce un hecho en el que por ejemplo hay una importante cantidad de sangre esparcida por aquí y por allá, la escena, puede convertirse en un chapazal con romería incluida. Lógicamente esto supone una merma importante en la calidad que se persigue cuando se lleva a cabo la Inspección Ocular Técnico Policial. Por eso es fundamental que los funcionarios de policía que llegan primero al lugar de los hechos, adopten una serie de medidas de protección tendentes a la protección integral del lugar, evitando también  las ingerencias de personas no autorizadas. Pensemos que el escenario criminal y sus circunstancias, son una de las pocas fuentes de información donde el autor deja su tarjeta de visita, de modo que podamos relacionar su autoría con el hecho. Podremos tener excelentes maletines con reactivos, kits de recogida de muestras, pinceles, cámaras fotográficas y luz forense, pero si el pelo que tenemos que recoger del dorso de la mano de la víctima es de su vecino, la colilla del cenicero la dejó el policía, el médico forense o el propio juez, o las huellas lofoscópicas halladas en el auricular del teléfono son del médico del 112… ¿De qué coordinación estamos hablando? Sí, habremos acudido unos detrás de otros o quizás todos a la vez, cada uno habrá llevado a cabo su trabajo con exquisita profesionalidad. Nada qué decir, pero, la coordinación tiene que admitir ese plus de profesionalidad de hacer bien mi trabajo pensando en los que van a venir después, y ello supone no hacer desaparecer los indicios ni contaminarlos; preservar en la medida lo posible lo que me encuentro.
Es sencillo. A priori, colocarse unos simples guantes de látex, unas calzas o evitar dejar rastros innecesarios, es sinónimo de calidad. De eso hablamos cuando se gestionan bien los recursos humanos y materiales, cuando los trabajos están hechos por personal especializado que está sometido a una formación permanente y actualizada. Cuando los protocolos de actuación se adecuan lo más posible a los casos que se puedan dar, ya que su flexibilidad permitirá encajar dentro de lo razonable ciertos imponderables. También la famosa cadena de custodia es un hecho de calidad. Ésta garantiza la identidad y la integridad de los vestigios o muestras  que pueden ser fuente de prueba en un hecho criminal. Su adecuación desde el primer momento en que aparecemos en escena, es la mayor garantía de éxito de cara al proceso en su momento culmen: la recreación de la prueba con total asepsia en la vista oral.

Quién sabe, pero quizás Locard, consciente o no, ya contaba con los “intrusos de la escena criminal” cuando formuló  su otro axioma de que “no hay delitos perfectos sino mal investigados”.