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domingo, 3 de marzo de 2013

EL ADELANTADO DE SEGOVIA. RESEÑA


El Adelantado de Segovia
Literatura de Comisaría
Roberto Carro compagina su labor policial y docente con la producción novelesca, a la que además le dota de un fin benéfico para ayudar a la Asociación Española contra el Cáncer.
F. Descalzo - Segovia | 26/02/2013

48kama(101).jpgNadie mejor para hablar del mar, que un marinero. Y nadie más idóneo para escribir relatos de sucesos e intrigas, que un policía que imparte clases de Criminalística e Investigación. Es el caso de Roberto Carro Fernández, subinspector destinado en Segovia hace tres años y que ha publicado la novela ‘Escombros de la memoria’. Además de ser un relato imaginario, contiene pasajes costumbristas ambientados en su tierra natal, León, pero que pueden extrapolarse perfectamente con cualquier municipio segoviano.
Roberto Carro escribe también en la revista científica 'Cuadernos de Criminología' y ha participado en más de 30 actos académicos de universidades y centros de divulgación científica.
Su obra 'Escombros de la memoria' no la protagonizan los grandes héroes policíacos y superhombres típicos de los largometrajes americanos, sino personajes comunes que habitan cualquier aldea castellana.
El autor podría utilizar su capacidad literaria para ensalzar los cuerpos policiales, y hacer pensar que nadie más que ellos está capacitado para desentrañar negros sucesos. Pero deja en manos de los ciudadanos de a pie esa posibilidad. De este modo revela que en muchas ocasiones es el sentido común el que permite llegar a la clave para desentrañar sucesos y resolver enigmas.
También podría aprovechar la venta de sus libros para obtener un rendimiento económico. Pero ha preferido que tengan un fin benéfico y parte de la recaudación se destina a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Aún así, la novela tiene un precio bastante asequible: 15 euros, y está disponible en varias librerías de la capital.
Se trata, pues, de una literatura novedosa, aunque basada en ambientes tradicionales, donde el lector puede tener la capacidad de identificar a los personajes protagonistas. Además, el autor consigue hacer un homenaje a los clásicos de la novela policiaca del estilo de las de Sherlock Holmes o de Guillermo de Baskerville, protagonista de 'El nombre de la rosa'.

'Escombros de la memoria' ha sido presentada ya con gran éxito en la Semana Negra de Gijón, y cuenta con la bendición de diversas instituciones como el Instituto Leonés de Cultura. 

martes, 15 de enero de 2013

La fealdad del delito (artículo publicado en el número 7 de la revista científica QdC)


Fray Guillermo de Baskerville y Adso de Melk
El otro día volví a ver “El nombre de la Rosa”. He de reconocer que la versión cinematográfica del libro homónimo del escritor italiano Umberto Eco, me sigue fascinando tanto como el primer día que tuve ocasión de ver la película. Digamos que Fray Guillermo de Baskerville, interpretado magistralmente por el insigne Sean Connery, me atrae irreversiblemente; su perfil de hombre inquieto, despierto, tenaz en sus propósitos, sus deducciones lógicas y perspicaces, ponen luz a un escenario lúgubre, siniestro, donde la muerte y sus misterios se escurren por las frías estancias de una abadía benedictina enclavada en los Alpes italianos. Y ahí es donde llega este monje franciscano en compañía de su acólito Adso de Melk, para arrancar una explicación lógica a las amenazadoras muertes que últimamente están asolando a toda la congregación. Lo cierto es que, la presunta trama criminal, se desarrolla y  va pareja a la organización de una reunión que ha de tener lugar en aquel enclave, entre los Delegados del Papa y los líderes de la orden franciscana. En ella se ha de discutir sobre la supuesta herejía que una rama de los franciscanos promueve: la doctrina de la pobreza apostólica.
En realidad el verdadero interés y grueso de la cinta versa sobre esa serie de muertes insólitas, tan endiabladamente confusas y prolíficas que hacen pensar a los monjes en un final apocalíptico. Pero toda la sin ranzón que rodea a estos hechos siniestros se ve, paso a paso, atenuada por labor investigadora de este Sherlock Holmes de la Edad Media. El método científico de Guillermo, se va haciendo sitio en la regla de silencio y fanatismo religioso que representa Jorge de Burgos, el anciano bibliotecario de tez blanquecina y fúnebre, cuyo celo por la norma va más allá de la realidad que le oculta su ceguera.
Desde el comienzo adiviné que, a medida que se iban sucediendo las escenas en que aparecía un nuevo monje integrante de aquella comunidad, su aspecto físico, y más su estructura facial, me llevaban inevitablemente a recordar ese enfoque antropológico que sirvió a Cessare Lombroso para enunciar su tipología de delincuentes en la que se destaca, por la parte que ahora toca, el delincuente nato o atávico; excepción hecha, claro está, para nuestro protagonista el franciscano Guillermo y su  ayudante Adso. Había que verlo; comenzando por el propio Abad, continuando por Severino (el herbolario); Malaquías (el bibliotecario); Berengario (ayudante del bibliotecario); Venancio (el traductor de griego); Remigio (el cillerero); y Salvatore…, qué decir de Salvatore,  (ayudante de Remigio)…, todos, tenían a priori, en mayor o menor medida, el perfil que siempre hubiese soñado, para refutar su trabajo, el padre de la Criminología: Cesare Lombroso. Si buscabas protuberancias craneales al estilo de Vilella, pómulos salientes, porte siniestro…., en fin, anomalías anatómicas, cierta fealdad en definitiva, pues, resulta que cualquiera de aquellos monjes podrían ser autor/es de cualquiera de los crímenes que se estaban produciendo. Difícil trabajo para Guillermo si hubiese tenido como método de investigación una parte de las teorías y postulados que en el siglo XIX hicieron famoso a Lombroso.
Salvatore
  Pero estamos en el invierno de 1327 y el determinismo y la influencia genética aún están lejos de aparecer en escena; seguro que también ese método científico y razonamiento deductivo usados con habilidad por Guillermo para resolver tanto misterio, recordando por momentos las mismas habilidades utilizadas por Sherlock Holmes. Pero la cientificidad de su método -extemporáneo o no- deja en la cuneta esos otros que como la frenología, quisieron hacer un paralelismo entre personalidad y las  formas y protuberancias del cráneo. Guillermo sabe –el espectador lo deduce- que la explicación pasa por algo más pragmático que la sola apariencia física que destila fealdad y, seguro, una autoría basada en la repulsión que ello representa. A ver quién no pensó en algún momento de la trama que, Berengario, ese monje gordinflón, con cierto aspecto funesto, dado a las pasiones mundanas más prohibidas, no encarnaba el perfil de asesino ideal. Y de Salvatore…., quién no pensó que Salvatore era -aparte de hereje-,  un esquizofrénico paranoide y borderline con propensión al delito.

Guillermo, en su caminar por la escena criminal que se abre, encuentra las dificultades propias de una estricta orden religiosa que pone límites y censura a la libertad de pensamiento. Solo la compostura debe ser permitida. Pero la contradicción viene de la mano del innato interés del hombre por saber más; incluso a riesgo de juguetear con  lo prohibido. Ese afán de conocimiento seduce a los monjes más inquietos que alimentan su pasión bebiendo del libro II de la Poética de Aristóteles, donde el filósofo defiende la comedia y el humor, cuestionando así los absolutos establecidos. Lo que no saben es que las páginas del anhelado texto están impregnadas de un veneno que pone fin a su pecaminosa codicia de sabiduría. El prudente método utilizado por Baskerville, concluye y dice que, todos los monjes que de un modo u otro accedieron al texto prohibido,  encontraron descanso en el corral del silencio.

            -Querido Adso, has de saber que “el delito es feo por lo que representa socialmente, pero no necesariamente quien lo ejecuta. La belleza para combatirlo viene de la mano del conocimiento mesurado”.

viernes, 26 de octubre de 2012

La hora de los valientes. Artículo publicado en el número 18 de la revista científica QdC (Cuadernos de Criminología)


Hoy, con el permiso del director de la revista y de ustedes, me van a permitir que les cuente una de esas historias doméstica, humana y trágica, descarnada y valiente. No sé cuánto puede tener de criminológico, científico o criminalístico; lo cierto es que me apetece contarla por lo emotiva que me pareció en aquel momento y también ahora, claro.  Una de esas historias que pone en valor consignas de otro tiempo como el honor, la lealtad y esa serie de valores un tanto deslustrados que vienen a justificar la entrega y la vocación de unos cuantos que hoy la llevan a gala. Tan dispuesto se está, que incluso perder la vida se entremezcla con el catálogo de actitudes que te predisponen a empezar una jornada que nunca sabes cómo va a acabar.
La cosa comienza en la cena de despedida de un compañero que se va a otra plantilla. Ya se sabe, viandas para la ocasión y buen vino, retahíla de recuerdos, anécdotas y chascarrillos varios para disfrutar de una velada que termina con los reconocimientos y los agradecimientos de una  y otra parte. Una emotiva despedida que suele terminar con aquello de: que tengas suerte allí donde vayas; como si la falta de ésta fuera crucial en el desempeño de esta función pública que requiere, para mi gusto, un plus de entrega y dedicación. Ya digo que fue una sobremesa al uso, de infantería, en plan: (…) te acuerdas de aquella que...; (…) y aquella otra cuando....; en fin, batallitas que diría aquel,  de todo tiempo y lugar, un tanto desnaturalizadas y frívolas que ayuden a darle ese toque irónico para hacerlas digeribles. Claro que entre medias se mezcla, en ocasiones, relatos que vienen a buscar el equilibrio entre lo más descorazonador y lo más humano, lo más trágico y lo más cómico, un cuarto y mitad de realidad teatralizada para que la cosa no se vaya de madre. En este contexto Fierro se gira hacia David, le toca el hombro con gesto fraternal y modula la voz para lanzar al aire una pregunta que se abre paso fría como un témpano, directa y a corazón  abierto: - ¿Cómo fue lo de tu padre? David, al ser aludido,  ni se resuelve incómodo en la silla, más bien parece haberle agradado la pregunta porque se dispone a relatar el suceso con el aire de quien sabe que lo hace dignificando el recuerdo de los que, como su padre, fueron víctimas de un atentado terrorista. Ha pasado el tiempo, pero a David no le resulta complicado ir desmenuzando los recuerdos y también lo que venía a decir la sentencia que en su día emitió la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Son de esos recuerdos que están marcados a fuego, filtrados por el cerebro y puestos a buen recaudo en un estante de la memoria a largo plazo. En aquel atentado falleció su padre, Andrés Muñoz Pérez, y otro compañero más, Valentín Martín Sánchez. Ambos eran miembros del TEDAX. Los 296 años a los que fue condenado José Luis Urrusulo Sistiaga por doce delitos de asesinato, diez de ellos frustrados, y un delito de estragos, no son nada comparado con el daño moral, irreparable, que deja en quienes se ven privados de la presencia de un ser querido; un latigazo siniestro que te deja marcado de por vida. Por aquel entonces Urrusulo Sistiaga formaba parte de un comando de ETA que había decidido atentar contra alguna de las empresas que habían participado en la construcción de la autopista de Leizarán. Las razones, aparte de esa oposición histórica a estar comunicados con  el "país opresor", añaden el impacto ambiental de la obra. Un miembro del comando decidió enviar el paquete a Madrid, pero lo hace desde la ciudad de Toledo a través de la empresa Servitrans; sabe cuál es la dirección de Construcciones Atocha -empresa que ha trabajado en la autovía de Leizarán- y la consigna en el destinatario. El paquete en cuestión deambula de acá para allá porque la empresa ha cambiado de dirección. Servitrans-Madrid hace gestiones con su sede en Toledo para concretar el envío y descubren que la dirección del remitente es ficticia. Esto infunde sospechas sobre la procedencia del paquete y al final recala en los TEDAX. Los conocimientos técnicos y la excelente preparación, a veces, no son suficientes para dar con una nueva incorporación tecnológica -malvada en esencia como ninguna-  que llega dispuesta a trastocar los protocolos de actuación más rigurosos desde el punto de vista de la seguridad y que busca, obsesiva, hacer daño a cualquier precio. -Sabréis de ampollas de mercurio  y dispositivos de inercia pero de células fotoeléctricas estáis caninos, -diría para sus adentros Joseba Arregui Erostabe, "Fitipaldi", cuando decidió atribuirse el macabro ingenio de incorporar estos dispositivos en los artefactos (¡valiente hideputa! -que diría Quevedo). La explosión se produjo poco después de las siete y media  de la tarde  de aquel funesto doce de junio de 1991. Tres quilos de amonal segaron la vida de los dos TEDAX. Decía David que los únicos enseres que le dieron de su padre fallecido, fueron un reloj de la marca casio con el cristal ennegrecido y roto por la explosión, y una alianza de boda. Efectos materiales que podrían resumir una vida de compromiso y riesgo asumido;  casado con la vida, y, al alimón, haciendo requiebros a diario para neutralizar los tiempos y envites que propone la muerte.
in memoriam
Durante mucho tiempo, en la casa del asesinado Subinspector Muñoz, estuvo sonando un ruido que procedía de algún lugar impreciso. Era un pitido que semejaba el sonido de una alarma. En una ocasión, moviendo enseres de un lado para otro, descubren de dónde sale el sonido de alarma que ya casi forma parte de sus vidas. En el interior de un armario hay una cajita, dentro de ella hay un reloj marca casio con el cristal ennegrecido y roto. Todos los días, al filo de las siete de la mañana, emite treinta segundos de alarma incierta. Esa lastimera hora a la que se levantan los valientes.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Escombros de la memoria en la Feria del libro de La Bañeza

Adelanto Bañezano 

Feria del Libro 2012.



"Escombros de la memoria", que ya recogimos hace meses en una entrevista que le hicimos al autor, Roberto Carro, en contraportada, fue presentado  en la tarde del viernes 6, en la plaza mayor, y en el acto intervinieron el responsable de La Bañeza Radio, Guillermo Mantecón, que presentó al autor, y los músicos Luis Fernando Sanz y su hijo Manuel, que interpretaron romances y cantos tradicionales en diversos momentos, logrando el aplauso del público.

Guillermo señaló a Roberto como "un hombre importante en la vida cultural de Valcabado del Páramo" y su labor como profesor de criminología e investigador, "que profundiza en los casos que pasan y relata con maestría en un  misterioso y encantador libro".

Roberto subrayó el formato atípico del libro, "amplio y muy visual, que busca compartir la estética y el contenido y que, además de estar pensado, escrito y editado por mí, que no vivo de esto, tiene una rentabilidad emocional, por su parte destinada a la AECC, y recoge constumbrismo y criminología.
"He querido reunir tres facetas -continuó explicando-: la memoria histórica, la causa benéfica y llegar a mis paisanos, contando tradiciones, usos y costumbres del Bajo Páramo, con una trama criminológica en  torno a dos personajes, Juan Herminio y Demetrio, a la manera del Holmes y Watson de Conan Doyle".
El acto incluyó la narración de una parte de cada capítulo y, entre ellas, los dos músicos amenizaron los espacios, a veces acompañados por la voz del propio autor.

jueves, 19 de julio de 2012

Semana Negra de Gijón 2012


ESPACIO A QUEMARROPA / presentación del libro Escombros de la Memoria.




















(...) La actividad en la carpa ya había adquirido velocidad de crucero y la siguiente presentación corrió a cargo de Roberto Carro y su Escombros de la memoria, un libro de formato muy especial (podría parecer un catálogo del Ikea, en palabras de su autor) y cuyo interior también lo es. No en vano, la historia que cuenta está ambientada  en el Bajo Páramo Leonés y arranca allá por el siglo X. Éste fue uno de los puntos destacados por el maestro de ceremonias de la presentación, Alejandro Gallo. A lo largo de ocho capítulos, el autor nos presenta a una pareja de personajes que, cuales Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, investigan, entre otros asuntos, la muerte de una mujer que parece colgada del rollo de justicia que el autor ubica en una las plazas de su localidad natal. Carro, uno de los impulsores de la exposición de la Asociación Española de Criminología y Ciencias Forenses (SECCIF) que se puede disfrutar en esta Semana Negra, dejó caer la posibilidad de que el certamen acoja en el futuro otra muestra sobre los elementos de tortura utilizados por la Santa Inquisición. Ojalá sea así y la crónica la escriba Jesús Palacios.


MITAD MONJE MITAD SOLDADO




El escritor Alejandro Gallo fue el encargado ayer de descubrir a los que se pasaron por la carpa de El Encuentro de la Semana Negra que los policías también escriben novela policíaca y lo hacen bien. No es casualidad que cada vez sean más los policías que hacen de la escritura su segunda profesión, y es que tal y como explicó Gallo “ahora para entrar en el Cuerpo hay que formarse, y para ascender a algunos puestos es necesario tener una licenciatura”. Esa formación se nota cada vez más en el cuerpo policial, y dos de estos profesionales del orden y también escritores explicaron en Gijón qué fue lo que les llevó a escribir sus novelas negras. Antonio Gómez Montejano y Roberto Carro coincidieron en muchos de sus argumentos y es que los dos defienden que no suelen leer este tipo de novelas ni ver seres policiacas porque consideran que no se corresponden mucho con la realidad. Carro afirmó que” hoy los policías estamos más formados y eso se traduce en una pasión por nuestro trabajo, hay que tener vocación, pero escribir es una pasión añadida, quieres plasmar esas pasiones que tienes de una manera digna y hacerlo como lo haría cualquiera de los que has admirado en tu carrera. Un buen día das un primer paso y parece que lo que haces encandila y te aprovechas de la formación y del día a día, aunque esto no quiere decir que escribamos al pie de la letra lo que vivimos a diario”, desgranó el autor. Antonio Gómez Montejano explicó que él se cree legitimado para escribir este tipo de novela, porque además de policía es periodista de profesión. Gómez Montejano también se mostró crítico con la series y novelas policiacas españolas, ya que bajo su punto de vista, “el policía no se siente reflejado en las serias ni en las novelas policiacas de nuestro país que son una trasposición del modelo americano o ni eso”, apostilló.

sábado, 7 de julio de 2012


Diario de León.

Semana Negra para cinco leoneses

Olga Rodríguez, Secundino Serrano, Alejandro Gayo, Roberto Carro y Migoya presentan sus libros en Gijón.


verónica viñas | león 07/07/2012
Cinco leoneses vivirán a partir de hoy su semana más negra. Los escritores Olga Rodríguez, Secundino Serrano, Alejandro Gallo, Roberto Carro y Hernán Migoya tienen una cita en Gijón rodeada por el misterio. La ciudad asturiana convoca, como cada año, a los maestros del suspense. El tradicional ‘tren negro’, un convoy de Renfe que todos los años traslada de Madrid a Gijón a la comitiva de autoridades e invitados, se topó ayer en La Robla con una barricada colocada sobre las vías por los mineros. El tren sufrió un retraso de una hora y fue recibido en la capital asturiana con el himno de Riego.
Hoy, la periodista Olga Rodríguez, a las 21.00 horas en el espacio A Quemarropa, será la encargada de abrir la presencia de escritores leoneses en la Semana Negra de Gijón. Rodríguez, hija de una conocida saga de periodistas, presenta su libro Yo muero hoy, con el que ya estuvo de promoción en León en mayo y en el que aborda las recientes revueltas en el mundo árabe.
El martes, a las 20.30 horas, hará su debut en el festival literario de Gijón el historiador leonés Secundino Serrano, que presentará su último libro, Republicanos españoles en el gulag. Serrano tendrá como maestro de ceremonias al también escritor y jefe de la Policía Local de Gijón, el astorgano Alejandro M. Gallo. El jueves, Gallo igualmente presentará a Roberto Carro, subinspector del Cuerpo Nacional de Policía y autor deEscombros de la memoria, un libro que mezcla costumbrismo y criminología en un viaje al pasado tras las señas de identidad de la localidad paramesa de Valcabado.
El propio Gallo será protagonista en la Semana Negra ese mismo día, a las 20.30 horas, donde presentará sus dos últimas novelas, Asesinato en el Kremlin y Seis semanas con el comisario Gorgonio. El ponferradino Hernán Migoya tiene una cita doble en Gijón. El próximo viernes presentará Nuevas hazañas bélicas y, un día después, Una grande y zombi. En esta 25 edición de la Semana Negra participan 140 escritores, que ayer exigieron la «inmediata libertad» de la autora mexicana Sanjuana Martínez, arrestada en su domicilio de Monterrey.

jueves, 10 de mayo de 2012

Entrevista Diario de León


Diario de León.
  

  Cultura - 10 DE MAYO DE 2012
    pOR vERÓNICA vIÑAS

   JOSÉ ROBERTO CARRO ESCRITOR Y POLICÍA
«Un crimen horrendo a menudo no es una gran historia para contar»
A este subinspector de policía y profesor de Ciencias de la Seguridad en la Universidad de Salamanca su trabajo de ‘sabueso’ le llevó a la literatura. En su novela ‘Escombros de la memoria’ mezcla costumbrismo y criminología, en un viaje en busca de las señas de identidad del Páramo Bajo.

El escritor y policía natural de Valcabado José Roberto Carro Fernández.
—Alejandro M. Gallo, Ricardo Magaz y usted son policías y escritores. ¿Por qué hay tanto policía escritor en León?

—Que haya tanto policía creo que es una cuestión de oportunidades, de ver opciones de trabajo y buscar una salida laboral estable. Lo de escritor yo creo que es un añadido, una afición más que surge cuando se tiene el deseo de compartir la inquietud de contar.
—En ‘Escombros de la memoria’ hay un dúo de sabuesos como en ‘El nombre de la rosa’...
—Sí, es lo más parecido a ellos pero en formato rural y del Bajo Páramo Leonés. De paso, es un homenaje a quienes dedican su vida al mundo de la investigación criminal. El tándem Fray Guillermo-Apso, Holmes-Watson, y, en mi caso, Juan Herminio-Demetrio, son ejemplos de ello. Este último, pone sus ‘artes’ al servicio de una comunidad rural donde el devenir de los días plantea una serie de acontecimientos que requieren de una investigación.
—Por su experiencia como criminalista, ¿la realidad supera siempre a la ficción?
—Yo creo que no. La ficción muchas veces se escapa a la razón, pues necesita de ese componente morboso, mágico e irreal que deja en el espectador o lector el poso y el atractivo de la fantasía: el imaginario abierto. Pero no es menos cierto que cada vez más la realidad adquiere unas cotas de ficción que, a priori, podrían poner en duda cualquier razonamiento, lo que requiere de un sobresfuerzo para demostrar que las cosas no acontecen porque sí. El método y la ciencia tienen que desmontar cualquier atisbo de ensoñación.
—El libro es también un homenaje al Páramo leonés...
—Claro, es que junto con el trasfondo criminológico (antropología forense, envenenamientos, emparedados, brujería...— entran en escena los usos y costumbres del Bajo Páramo, que bien pueden ser, con pequeños matices, los usos y costumbres de cualquier otro pueblo de nuestra provincia e incluso de nuestra comunidad. Al fin y al cabo no son tantas las cosas que nos diferencian como las que nos unen.
—Recupera además la creación del monasterio de Valcabado y de los tres emparedados descubiertos en la Ermita de Santo Tirso. Da la sensación de que ésa era la razón del libro, recuperar la historia de su tierra; y el resto, una excusa...
—Bueno, es que tomé de la realidad esos dos buenos ejemplos de historia doméstica, más o menos truculentos, para montar un escenario de ficción. Los conocía por lo que cuenta la gente mayor del pueblo y, antes de que desapareciesen para siempre, era bueno ponerlos negro sobre blanco. Ese fue un punto de partida y, claro que sí, otro breve homenaje a mi pueblo. Luego fui ampliando el escenario y las historias, de modo que capítulo tras capítulo se fuese trabando el argumento del libro. Este puede ser otro modo de hacer memoria histórica.
—¿Seguirá escribiendo?
—Sí. He descubierto que me gusta, disfruto con ello y veo que lo que pretendo contar satisface razonablemente bien a los demás. Uno no busca convertirse en un gran contador de historias ni tampoco en vivir de esto. Sólo pretendo ser coherente con un estilo de vida.
—¿Cuenta mejor un crimen un policía?
—Un policía ya cuenta con la materia prima necesaria: la experiencia y, sobre todo, muchas historias vividas. A mayores tiene todo un vademécum de remedios y herramientas para hilar todo el texto. Luego, desarrollar la trama tiene su intríngulis. Un policía sabe plasmar, en un atestado, cómo aconteció e investigó un homicidio, una trata de blancas o un tráfico de estupefacientes. El tema está en que lo hace en términos de legalidad y para un proceso judicial. Esa misma historia, sin tanto aderezo, menos depurada, dándole el toque de ficción del que hablábamos antes y con puntito canalla, se puede llevar a una novela. El secreto está en saber poner los ingredientes.
—¿En su trabajo ha visto algún crimen digno de una novela?
—Parece que un asesino serial, un crimen horrendo como ninguno, por lo impactante y sobrecogedor que pueda resultar, pudiera ser una gran historia para contar; pero no. A menudo sólo da para un ensayo sobre perfiles criminales o para retratar la crónica negra de un país. Pienso que las pequeñas historias, esas que no salen en los periódicos, sabiéndoles dar el toque necesario, también pueden ser el argumento para un buen libro. Hoy por hoy —y lo vemos en las series americanas—, donde hacen verdadero hincapié es en el método investigativo y en la criminalística. Lo científico está de moda.
—¿Por qué cree que tiene tanto éxito la novela negra?
—Las series de ficción han dejado todo ese poso criminológico y criminalístico que está tan de moda. En realidad, la novela negra siempre ha estado ahí, sólo que ahora está viviendo una época dorada.
—¿Es cierto que todos podemos ser asesinos?
—Si falta la cultura, falta la socialización y por lo tanto cualquier cosa puede pasar. Un asesino está expuesto, en cierto modo, a un relativismo o déficit cultural. Pudo haber ocurrido durante la infancia o durante su desarrollo como persona adulta. Hay ciertas cosas que no ha comprendido del todo, que no ha asimilado o que carece de ellas por múltiples razones. Un estímulo inoportuno puede ser nefasto. Creo que esta respuesta es el análisis más políticamente correcto de la expresión común: «se le ha cruzado el cable». Pero si todos podemos ser asesinos en un momento dado, mi respuesta es que no. Creo  que el asesino nace y se hace, pero habiendo en el origen de todo un déficit cultural. Por eso hay que reivindicar la cultura en el sentido más amplio por la capacidad que tiene de humanizar.
—¿También es lector de novela negra?
—A decir verdad no es de mis géneros más leídos, aunque reconozco que acudo a ella de vez en cuando para alternar otros más habituales. Es una manera de refrescar las habitaciones de lo cotidiano. Ficción o no, también es labor de un policía estar bien informado. Con Escombros de la memoria, he pretendido que no sea una novela netamente policíaca, sino más bien una reflexión abierta, donde las pasiones que mueven a la condición humana, encuentren su contrapartida en la mirada y política criminal desplegada por un cura de pueblo y su ayudante, cuyas personalidades pudieran sorprender por su originalidad y puesta en escena.