Roberto Carro Fernández, (Valcabado del Páramo, León; 1971), compagina su trabajo con la docencia, habiendo sido profesor de Criminalística e Investigación en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid. En la actualidad forma parte del cuerpo de profesores que imparten clase en Ciencias de la Seguridad (CISE) de la Universidad de Salamanca y en el Centro Universitario Villanueva de Madrid. Escritor y columnista en la revista científica QdC.
lunes, 22 de abril de 2013
Filándón músico-literario en Cebrones del Río.
Acto de hermanamiento entre la A.C Los Cébridos y la A.C Ave Fénix de Valcabado.
(...) Demetrio metió la llave de dientes en la cerraja,
corrió el cabijón interior y abrió la puerta. Al bajar la escalera que comunicaba
con la solera exterior, percibieron la caricia húmeda y fresca del ambiente,
entremezclado por el fuerte aroma que desprende el vino cuando está madurando
en el interior de las cubas (...)
Extracto del libro "Escombros de la memoria"
Cebrones del Río
20 de abril de 2013 a las 20:30 h.
domingo, 24 de marzo de 2013
Presentación del libro "Escombros de la memoria" en la librería Antares de Segovia.

Presentación
del libro
“ESCOMBROS
DE LA MEMORIA”
Viernes 12 de abril a las 20:00 h. “Filandón” músico-literario.
Roberto nos arropa en el paisaje leonés que se torna más pletórico, si cabe, de su mano, convertido en escenario donde nos seduce con una prosa sencilla y esmerada, preñada de sensaciones que sólo el buen escritor consigue y que destila un relato brillante, de impecable factura (..)
Fernando PÉREZ ÁLVAREZ. Director de CISE en la Universidad de Salamanca
(..) Y todo ello implementado por una trama criminológica desarrollada magistralmente por este singular tándem paramés, al más puro estilo Holmes-Watson (Juan Herminio y Demetrio), junto a la que el autor ha conseguido ubicar las costumbres rurales (..)
Juan Francisco LÓPEZ GALLEGO. Periodista. Grupo Ical noticias
domingo, 3 de marzo de 2013
La muerte no es el final. (Artículo publicado en el número 9 de la revista científica Cuadernos de Criminología, "QDC".
| “El triunfo de la muerte” Pieter Brueguel el Viejo |
Pero no, no es este el argumento
del artículo, aunque sí la semántica de la frase en cuestión, constituyendo una
metáfora criminalística de lo que supone la muerte asentada en una anatomía
agotada.
Desde el punto de vista biológico la explicación de este fenómeno definitivo es rotunda: “la culminación de la vida de un organismo vivo o incapacidad orgánica de sostener la homeostasis”. En Román Paladino: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. No hay opción, finito. Se acabó.
EL ADELANTADO DE SEGOVIA. RESEÑA
Literatura de Comisaría
Roberto Carro compagina su labor policial y docente con la producción novelesca, a la que además le dota de un fin benéfico para ayudar a la Asociación Española contra el Cáncer.
F. Descalzo - Segovia | 26/02/2013
Roberto Carro escribe también en la revista científica 'Cuadernos de Criminología' y ha participado en más de 30 actos académicos de universidades y centros de divulgación científica.
Su obra 'Escombros de la memoria' no la protagonizan los grandes héroes policíacos y superhombres típicos de los largometrajes americanos, sino personajes comunes que habitan cualquier aldea castellana.
El autor podría utilizar su capacidad literaria para ensalzar los cuerpos policiales, y hacer pensar que nadie más que ellos está capacitado para desentrañar negros sucesos. Pero deja en manos de los ciudadanos de a pie esa posibilidad. De este modo revela que en muchas ocasiones es el sentido común el que permite llegar a la clave para desentrañar sucesos y resolver enigmas.
También podría aprovechar la venta de sus libros para obtener un rendimiento económico. Pero ha preferido que tengan un fin benéfico y parte de la recaudación se destina a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Aún así, la novela tiene un precio bastante asequible: 15 euros, y está disponible en varias librerías de la capital.
Se trata, pues, de una literatura novedosa, aunque basada en ambientes tradicionales, donde el lector puede tener la capacidad de identificar a los personajes protagonistas. Además, el autor consigue hacer un homenaje a los clásicos de la novela policiaca del estilo de las de Sherlock Holmes o de Guillermo de Baskerville, protagonista de 'El nombre de la rosa'.
'Escombros de la memoria' ha sido presentada ya con gran éxito en la Semana Negra de Gijón, y cuenta con la bendición de diversas instituciones como el Instituto Leonés de Cultura.
martes, 15 de enero de 2013
La fealdad del delito (artículo publicado en el número 7 de la revista científica QdC)
![]() |
| Fray Guillermo de Baskerville y Adso de Melk |
El otro día volví a ver “El
nombre de la Rosa”. He de reconocer que la versión cinematográfica del
libro homónimo del escritor italiano Umberto Eco, me sigue fascinando
tanto como el primer día que tuve ocasión de ver la película. Digamos que Fray
Guillermo de Baskerville, interpretado magistralmente por el insigne Sean
Connery, me atrae irreversiblemente; su perfil de hombre inquieto,
despierto, tenaz en sus propósitos, sus deducciones lógicas y perspicaces,
ponen luz a un escenario lúgubre, siniestro, donde la muerte y sus misterios se
escurren por las frías estancias de una abadía benedictina enclavada en los
Alpes italianos. Y ahí es donde llega este monje franciscano en compañía de su
acólito Adso de Melk, para arrancar una explicación lógica a las
amenazadoras muertes que últimamente están asolando a toda la congregación. Lo
cierto es que, la presunta trama criminal, se desarrolla y va pareja a la organización de una reunión que
ha de tener lugar en aquel enclave, entre los Delegados del Papa y los líderes
de la orden franciscana. En ella se ha de discutir sobre la supuesta herejía
que una rama de los franciscanos promueve: la doctrina de la pobreza
apostólica.
En realidad el verdadero interés
y grueso de la cinta versa sobre esa serie de muertes insólitas, tan endiabladamente
confusas y prolíficas que hacen pensar a los monjes en un final apocalíptico.
Pero toda la sin ranzón que rodea a estos hechos siniestros se ve, paso a paso,
atenuada por labor investigadora de este Sherlock
Holmes de la Edad Media. El método científico de Guillermo, se va haciendo
sitio en la regla de silencio y fanatismo religioso que representa Jorge de Burgos, el anciano
bibliotecario de tez blanquecina y fúnebre, cuyo celo por la norma va más allá
de la realidad que le oculta su ceguera.
Desde el comienzo adiviné que, a
medida que se iban sucediendo las escenas en que aparecía un nuevo monje
integrante de aquella comunidad, su aspecto físico, y más su estructura facial,
me llevaban inevitablemente a recordar ese enfoque antropológico que sirvió a Cessare Lombroso para enunciar su
tipología de delincuentes en la que se destaca, por la parte que ahora toca, el
delincuente
nato o atávico; excepción hecha, claro está, para nuestro protagonista
el franciscano Guillermo y su ayudante Adso.
Había que verlo; comenzando por el propio Abad, continuando por Severino (el
herbolario); Malaquías (el bibliotecario); Berengario (ayudante del
bibliotecario); Venancio (el traductor de griego); Remigio (el cillerero); y
Salvatore…, qué decir de Salvatore,
(ayudante de Remigio)…, todos, tenían a priori, en mayor o menor medida,
el perfil que siempre hubiese soñado, para refutar su trabajo, el padre de la
Criminología: Cesare Lombroso. Si buscabas protuberancias craneales al estilo
de Vilella,
pómulos salientes, porte siniestro…., en fin, anomalías anatómicas, cierta
fealdad en definitiva, pues, resulta que cualquiera de aquellos monjes podrían
ser autor/es de cualquiera de los crímenes que se estaban produciendo. Difícil
trabajo para Guillermo si hubiese tenido como método de investigación una parte
de las teorías y postulados que en el siglo XIX hicieron famoso a Lombroso.
| Salvatore |
Guillermo, en su caminar por la
escena criminal que se abre, encuentra las dificultades propias de una estricta
orden religiosa que pone límites y censura a la libertad de pensamiento. Solo
la compostura debe ser permitida. Pero la contradicción viene de la mano del
innato interés del hombre por saber más; incluso a riesgo de juguetear con lo prohibido. Ese afán de conocimiento seduce
a los monjes más inquietos que alimentan su pasión bebiendo del libro
II de la Poética de Aristóteles, donde el filósofo defiende la comedia
y el humor, cuestionando así los absolutos establecidos. Lo que no saben es que
las páginas del anhelado texto están impregnadas de un veneno que pone fin a su
pecaminosa codicia de sabiduría. El prudente método utilizado por Baskerville,
concluye y dice que, todos los monjes que de un modo u otro accedieron
al texto prohibido, encontraron descanso
en el corral del silencio.
-Querido Adso, has de saber que “el delito es
feo por lo que representa socialmente, pero no necesariamente quien lo ejecuta.
La belleza para combatirlo viene de la mano del conocimiento mesurado”.
viernes, 26 de octubre de 2012
La hora de los valientes. Artículo publicado en el número 18 de la revista científica QdC (Cuadernos de Criminología)
Hoy, con el permiso del director de la revista y de ustedes, me van a
permitir que les cuente una de esas historias doméstica, humana y trágica,
descarnada y valiente. No sé cuánto puede tener de criminológico, científico o
criminalístico; lo cierto es que me apetece contarla por lo emotiva que me
pareció en aquel momento y también ahora, claro. Una de esas historias que pone en valor
consignas de otro tiempo como el honor, la lealtad y esa serie de valores un
tanto deslustrados que vienen a justificar la entrega y la vocación de unos
cuantos que hoy la llevan a gala. Tan dispuesto se está, que incluso perder la
vida se entremezcla con el catálogo de actitudes que te predisponen a empezar
una jornada que nunca sabes cómo va a acabar.
La cosa comienza en la cena de despedida de un compañero que se va a
otra plantilla. Ya se sabe, viandas para la ocasión y buen vino, retahíla de
recuerdos, anécdotas y chascarrillos varios para disfrutar de una velada que
termina con los reconocimientos y los agradecimientos de una y otra parte. Una emotiva despedida que suele
terminar con aquello de: que tengas suerte allí donde vayas; como si la
falta de ésta fuera crucial en el desempeño de esta función pública que
requiere, para mi gusto, un plus de entrega y dedicación. Ya digo que fue una
sobremesa al uso, de infantería, en plan: (…) te acuerdas de aquella que...;
(…) y aquella otra cuando....; en fin, batallitas que diría aquel, de todo tiempo y lugar, un tanto
desnaturalizadas y frívolas que ayuden a darle ese toque irónico para hacerlas
digeribles. Claro que entre medias se mezcla, en ocasiones, relatos que vienen
a buscar el equilibrio entre lo más descorazonador y lo más humano, lo más
trágico y lo más cómico, un cuarto y mitad de realidad teatralizada para que la
cosa no se vaya de madre. En este contexto Fierro se gira hacia David, le toca
el hombro con gesto fraternal y modula la voz para lanzar al aire una pregunta
que se abre paso fría como un témpano, directa y a corazón abierto: - ¿Cómo fue lo de tu padre? David,
al ser aludido, ni se resuelve incómodo
en la silla, más bien parece haberle agradado la pregunta porque se dispone a
relatar el suceso con el aire de quien sabe que lo hace dignificando el recuerdo
de los que, como su padre, fueron víctimas de un atentado terrorista. Ha pasado
el tiempo, pero a David no le resulta complicado ir desmenuzando los recuerdos
y también lo que venía a decir la sentencia que en su día emitió la Sección
Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Son de esos recuerdos
que están marcados a fuego, filtrados por el cerebro y puestos a buen recaudo
en un estante de la memoria a largo plazo. En aquel atentado falleció su padre,
Andrés Muñoz Pérez, y otro compañero más, Valentín Martín Sánchez. Ambos eran
miembros del TEDAX. Los 296 años a los que fue condenado José Luis Urrusulo
Sistiaga por doce delitos de asesinato, diez de ellos frustrados, y un delito
de estragos, no son nada comparado con el daño moral, irreparable, que deja en
quienes se ven privados de la presencia de un ser querido; un latigazo
siniestro que te deja marcado de por vida. Por aquel entonces Urrusulo Sistiaga
formaba parte de un comando de ETA que había decidido atentar contra alguna de
las empresas que habían participado en la construcción de la autopista de
Leizarán. Las razones, aparte de esa oposición histórica a estar comunicados
con el "país opresor", añaden
el impacto ambiental de la obra. Un miembro del comando decidió enviar el paquete
a Madrid, pero lo hace desde la ciudad de Toledo a través de la empresa Servitrans; sabe cuál es la dirección de Construcciones Atocha
-empresa que ha trabajado en la autovía de Leizarán- y la consigna en el
destinatario. El paquete en cuestión deambula de acá para allá porque la
empresa ha cambiado de dirección. Servitrans-Madrid hace gestiones con su sede en Toledo
para concretar el envío y descubren que la dirección del remitente es ficticia.
Esto infunde sospechas sobre la procedencia del paquete y al final recala en
los TEDAX. Los conocimientos técnicos y la excelente preparación, a veces, no
son suficientes para dar con una nueva incorporación tecnológica -malvada en
esencia como ninguna- que llega dispuesta
a trastocar los protocolos de actuación más rigurosos desde el punto de vista
de la seguridad y que busca, obsesiva, hacer daño a cualquier precio. -Sabréis
de ampollas de mercurio y dispositivos
de inercia pero de células fotoeléctricas estáis caninos, -diría para sus
adentros Joseba Arregui Erostabe, "Fitipaldi", cuando decidió
atribuirse el macabro ingenio de incorporar estos dispositivos en los
artefactos (¡valiente hideputa! -que diría Quevedo). La explosión se produjo
poco después de las siete y media de la
tarde de aquel funesto doce de junio de
1991. Tres quilos de amonal segaron la vida de los dos TEDAX. Decía David que
los únicos enseres que le dieron de su padre fallecido, fueron un reloj de la
marca casio con el cristal ennegrecido y roto por la
explosión, y una alianza de boda. Efectos materiales que podrían resumir una
vida de compromiso y riesgo asumido;
casado con la vida, y, al alimón, haciendo requiebros a diario para
neutralizar los tiempos y envites que propone la muerte.
Durante mucho tiempo, en la casa del asesinado
Subinspector Muñoz, estuvo sonando un ruido que procedía de algún lugar
impreciso. Era un pitido que semejaba el sonido de una alarma. En una ocasión,
moviendo enseres de un lado para otro, descubren de dónde sale el sonido de
alarma que ya casi forma parte de sus vidas. En el interior de un armario hay
una cajita, dentro de ella hay un reloj marca casio con el cristal
ennegrecido y roto. Todos los días, al filo de las siete de la mañana, emite
treinta segundos de alarma incierta. Esa lastimera hora a la que se levantan
los valientes.
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