domingo, 29 de enero de 2012

De las crestas papilares I (publicado en la revista QdC4, diciembre de 2008)

El pasado verano algunos medios de comunicación se hicieron eco de  una noticia que, de ser cierta, hubiese hecho revolver en la tumba al mismísimo Galton. En televisión y en la prensa escrita, aparecía el siguiente titular: “Nacen en el Maresme unos trillizos idénticos y con la misma huella”. Dicho así, para todos aquellos que de un modo u otro creemos en el potencial identificativo de las crestas papilares, supuso una preocupación temporal. Había que entrar en harina e ir al fondo del asunto. La duda y la lógica preocupación se desvanecían por sí solas. Sólo requería seguir leyendo la noticia para darse cuenta de que se estaba cometiendo un error con motivo de un hecho, en cierto modo impactante y que, así planteado, rompía los postulados históricos de un sistema de identificación con rigor y base científica, que tenía como base las huellas dactilares. Lógicamente, si lo que buscaban eran cotas de audiencia o protagonismo periodístico por haber dado la primicia, lo habían conseguido.
Lo que vino después de la alarma fue el reconocimiento del error. Parece ser que los padres de los pequeños alumbraron a los medios el hecho insólito de que sus hijos, no solamente eran iguales, sino que también sus huellas dactilares lo eran, siendo esta la razón por la que cada uno de ellos llevaba una pulserita de un color que le diferenciaba de los otros dos hermanitos. Los felices padres quisieron ser tan distinguidos con la noticia, que por unos días lo consiguieron. Estaban poniendo en jaque un sistema de identificación globalmente aceptado  por la comunidad científica y herramienta clave del trabajo policial diario. Por supuesto que no vamos a entrar en cómo se gestó la noticia, si fue un bulo, una machada, o un atrevimiento que respondía a intereses comerciales. Da igual. Lo que sí es cierto es que dejó un camino abierto a la controversia, que se contrarresta negando la mayor, esta vez sí, con una explicación ad hoc de por qué dos huellas no pueden ser iguales. 
 Para ello tenemos que ir a los orígenes. El primer postulado parte del hecho de que las huellas digitales son características exclusivas de los primates y que, en concreto, en la especie humana, se forman a partir del sexto mes de vida intrauterina del feto, y no varían a lo largo de  toda la vida del individuo. Pero, llegado este punto, es bueno que demos una explicación somera de lo que son los dibujos digitales. Cualquiera de nosotros nos hemos mirado en alguna ocasión las falanges distales de nuestros dedos. A primera vista, lo que vemos, podría parecernos un conglomerado de rayas anárquicas que van y vienen sin ningún fin predeterminado. Pues resulta que no. Estas formas caprichosas que adopta la piel que cubre la cara palmar de las manos y la plantar de los pies, son la base con la que trabaja el método de identificación. Y resulta que sus formas, perfectamente escrutadas y clasificadas, constituyen el fin que hemos adoptado para su “predeterminación”. La identificación de las personas. Para abundar más, diremos que los dibujos digitales están constituidos por rugosidades que forman salientes y depresiones. A los salientes los vamos a denominar crestas papilares y a las depresiones surcos interpapilares. A su vez las crestas papilares presentan una disposición de cierto paralelismo entre sí, hasta que se interrumpen o unen a las crestas colindantes. A estas interrupciones y uniones las vamos a llamar puntos característicos. Esto y poquito más es  la materia prima que configura el código de barras que llevamos impreso en nuestros dedos. Pues bien, ¿cuál es su origen? Digamos que lo que ocurre en el seno materno respecto de la formación de las crestas papilares, obedece, por un lado, a la carga genética, y por el otro es el ambiente quien lo determina en su mayoría. El genoma determina las características más generales de las crestas, mientras que el ambiente, en una fase posterior, determina los detalles del patrón. Por eso, no nos debe sorprender  apreciar similitudes en los familiares (hermanos, padres, hijos...), pero sólo eso, similitudes en cuanto al tipo. Nunca igualdades. Lo demás viene determinado por las condiciones a las que está expuesto el feto durante su desarrollo en esa fase más tardía.
 Pero, ¿qué queremos decir con que el ambiente determina mayoritariamente el patrón? Bien, vayamos por partes. De todos es sabido que la piel se estructura en tres capas superpuestas. La más externa o epidermis, la capa media o dermis y la más profunda o hipodermis. Aunque, para el caso que nos ocupa, vamos a fijarnos solamente en la epidermis y en la dermis. Es en ésta última donde tienen su origen los dibujos digitales, consecuencia a su vez de una alineación de protuberancias asentadas en la capa alta de la dermis llamadas papilasCon esta explicación queda claro que lo que vemos exteriormente abultado son las crestas papilares, consecuencia de estas papilas, y las depresiones son los surcos interpapilares. Por cierto que esta alineación característica solo se produce en la palma de manos y en la planta de los pies,
Hecha esta aclaración volvemos al seno materno y nos situamos en torno al tercer o cuarto mes de vida intrauterina. La exposición de la piel en pleno proceso de formación al “ambiente”, esto es, al líquido amniótico, presión sanguínea, nutrición, temperatura, posiciones del feto….etc., son factores que interaccionan para dar el aspecto distintivo a la huella dactilar que, dicho sea de paso, tampoco coincide en los dedos de una misma persona. Sería algo así como disponer en nuestra palma y en nuestra planta de unas láminas de plastilina que calcan cada uno de estos factores ambientales a los que se ven sometidos.
Alguien podía pensar que este innatismo tiene una utilidad establecida de antemano para la identificación de las personas. Pero no. Que lo aprovechemos no quiere decir que ese sea su único fin. De hecho, el fin, naturalmente evolutivo, tiene que ver con la facilidad que supone tener una piel rugosa en las manos y en los pies, materializada en crestas y surcos que nos permita coger los objetos. Claro que, nuestros parientes homínidos más cercanos, por aquello que podríamos denominar un déficit evolutivo, siguen utilizando las extremidades inferiores (también las superiores) para coger y cogerse a los objetos, menesteres estos que fueron comunes a nosotros hace unos pocos millones de años. Así que no nos parezca extraño que también nuestros primos tengan huellas dactilares.
Han pasado más de cien años de estudios lofoscópicos y, tras el conocimiento empírico (experiencia y práctica), se ha determinado que no existen dos huellas iguales. Dicho de otro modo, no existen dos personas que hayan podido experimentar las mismas circunstancias (genoma + ambiente) que dieran lugar al mismo dibujo final. Para los amantes de la estadística, un dato. En unas pruebas realizadas por el FBI, se concluyó que la probabilidad de que una impresión se repitiera de igual forma en dos individuos diferentes, era de 1 por 10 elevado a 97. Lo que equivaldría a decir que la probabilidad es cero, pues pensemos que en toda la historia de la humanidad no han existido ese número de huellas. Descansa Galton.

viernes, 27 de enero de 2012

La intimidad de lo evidente


Alcázar de Segovia
Hay quienes miran y no ven nada. Hay otros que destilan las esencias de todo aquello que les rodea con tan sólo abrir los ojos. Dicen que se llama sensibilidad. Sí, esa que late y da pulso al devenir diario, lo engrandece, lo sublima con delicada finura. El vate de quien les hablo respira lirismo porque se alimenta de él; lo encuentra en el alba y en el atardecer, en el sonido del viento, en la lluvia, en la bruma  y en el contraluz de una encina. Es capaz de interpretar la sintonía visual que compone una hoja de chopo cuando la estremece el viento; de dar relieve y tacto, sensualidad a la llanura más obstinada, vacía de contenido para los ciegos de espíritu. Tiene algo de mágico esto de articular diálogo poético con la pluma sencilla, hábil, de quien escribe sabiendo que da vida a lo que ve. Mirada amplia hasta el infinito, destreza para percibir el cristalino adiós de una gota trémula que llora su marcha en busca de la naturaleza que pisamos; un camino de ida y vuelta que da sentido a la vida porque nace y muere en la propia naturaleza. Esta sutileza, esta manera de captar la intimidad de lo evidente, es la grandeza que atesora quien les hablo. Talento febril, sincopado con los ritmos de una vida que, aunque convulsa, recupera el aliento cuando su mirada lúcida insufla el aire necesario; candidato idóneo para  recomponer la romanza del tiempo que le ha tocado vivir.

A mi compañero y amigo Baltasar. 

jueves, 26 de enero de 2012


Rocroi, el último tercio. Ferrer-Dalmau


(...) enfermos de honra y con un fanático sentido del honor. "Esto es un tercio español"

pincha en el siguiete enlace:
1643 La batalla de Rocroi




UN TIPO FIABLE

El otro día le oí decir que su undécimo mandamiento era no molestar. Esta expresión, en aquel contexto, me pareció redonda. Pero a mí me supuso más.
Uno va por la vida y se encuentra con tipos que le dejan a pre, ni te dan ni te quitan. Este no. Por eso, cuando las hay, es bueno tildar las bondades, y, aunque se supongan, conviene airearlas para escarnio de otros que evitan reconocimiento por pura envidia. Qué le vamos a hacer si  hay más canallas que nubes. A lo que iba.  Por casualidad te tropiezas con un tipo como el que les describo y es seguro que no les dejará indiferentes.  Decir tanto con tan pocas palabras (confieso que esta expresión  me gustaría para mi epitafio) y además con ese halo de humildad, te gana per se.
            
Situémonos. Tiempos difíciles; ya se sabe,  España de sombras, pendenciera y egoísta, de estocada directa y hasta el corvejón, y en medio, como teletransportado, un caballero del Siglo XV; por poner. Pero no es un espadachín al uso, no. El hidalgo renueva valores vetustos como la  nobleza, y aplica en su defensa destreza de florete en cruento duelo para lustrar la justicia y remendar las dignidades maltrechas. La sencillez en el verbo, la humildad en el acto, empapan la pólvora que cargan los arcabuces de la crítica sanguinaria. Hay que ver cómo bulle en él la inquietud, cómo nacen y cómo evolucionan las ideas. Qué ritmo vertiginoso imprime a una vida jadeante de responsabilidades y excesiva de costas familiares. Todo esto no te puede dejar impasible. Qué mayor prueba se necesita que ser  víctima  con la víctima; paladear la necesidad del necesitado; chapuzarse en el fango y mancharse  del color de los problemas. La empatía en su caso no es una pose ni un gesto diplomático. Siempre tiene tantas acepciones de solidaridad como días, como número de personas recalan en él. Hacer hermandad del problema, del insomnio y la preocupación ajena, es fabricar tranquilidad e ilusión, y eso lo sabemos quienes demandamos socorro a diario. Casi siempre con el pretexto de sentirnos arropados, sabedores de que en su territorio estamos a salvo. Que a su lado la batalla de la justicia está ganada de antemano. Pone tanta pasión que consume vida.  Y si no, que se lo pregunten a su legítima.

            Las razones de la elección son muchas y una, sobre todo -la más evidente-, que es un tipo fiable. Con él tienes la garantía de que no intentará salvarse a solas si todo se va al carajo; casi nada en los tiempos que corren... Pues eso, que en tan poco tiempo alguien te dé tanto a tan bajo precio, me parece cuanto menos extemporáneo. Les aseguro que aquí hay madera y, quienes apreciamos los bosques, lo sabemos. Necesitamos aire limpio para respirar. Así que, ponderar agradecimiento en este caso, no resulta arriesgado. Todo, me parece nada.
          

A mi buen amigo, Antonio Cela.



domingo, 22 de enero de 2012

UTOPÍA


La isla que un día soñó Santo Tomás Moro
No se trata de relativizar la conducta criminal. Uno es o no es delincuente. Y es seguro que caben otras formas imperfectas de serlo, quizás un poco más acordes con  las estructuras básicas de sociabilidad innata que tiene el ser humano que vive en armonía con el grupo de iguales. Pero, es aquí, cuando uno se plantea si  todo está perfectamente tasado, si todo está previamente definido. Si efectivamente hay personas que son desviadas, y se explica su comportamiento por un marcado relativismo cultural, ¿es buena su conducta? ¿es mala? o si, por el contrario, adquiere la condición de delincuente porque, aparte de ser desviado, infringe una norma social. Con lo cual ya tiene los dos conceptos que definen en sociología al delincuente. El delincuente es siempre un desviado.

Bueno, pues hasta aquí todo perfecto. Esta aproximación sociológica pone cada cosa en su sitio y, en principio, no habría que tener dudas a la hora de distinguir lo que es un comportamiento delincuencial  del que solamente se queda en desviado.

Por otro lado, es obligado referirnos a la víctima. Estamos en un momento de la historia en la que se está redescubriendo su papel en el hacer criminal y eso le confiere un protagonismo especial dentro del proceso, realzando su figura hasta igualarlo, si cabe, con el todopoderoso  centralismo del  victimario. Hemos dejado atrás los albores de su historia en el que fue protagonista absoluta con la venganza privada de ella o su familia. En esta génesis, también fue superada su neutralización en el momento que entró en escena el Estado de Derecho y su “ius puniendi”.  Con este afán igualitario, y con el propósito de establecer su sitio en la naturaleza delictiva, se definen  comportamientos que, por ejemplo, puede desplegar en el justo momento de producirse el hecho criminal. Así pasa por ser víctima por indefensión física, mayor vulnerabilidad, facilitadota, social, situacional…..; en fin, tantas como hechos distintos se puedan dar.

Poco a poco venimos desgranando los ingredientes que unidos en una compacta argamasa configuran el fenómeno criminal. Tenemos al desviado, delincuente,  o su representante legal, y tenemos a la víctima. Nos falta una situación ideal que tenga cabida en un precepto penal que justifique, al menos en lo principal, la acción reprobable del victimario. Vayamos a ella. Código Penal de 1995, Libro II,  Titulo XIII  - Delitos  contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico; Capítulo II – De los robos; artículo 242, punto primero: “El culpable de robo con violencia o intimidación en las personas será castigado con la pena de prisión de dos a cinco años, sin perjuicio de la que pudiera corresponder a los actos de violencia física que realizase”.
Punto segundo: “La pena se impondrá en su mitad superior cuando el delincuente hiciera uso de las armas u otros medios igualmente peligrosos que llevare, sea al cometer el delito………….”


Y nos falta la situación. Real como la vida misma. El ciudadano de bien,  menganito de tal que camina por un afamado parque de una ciudad castellana en dirección al centro donde ha quedado con su novia. Todo perfecto. Un buen plan, una tarde de domingo para disfrutar. Pero hete aquí que el ciudadano equis es “interrumpido” por otro que, acercándose por un costado, le “requiere con intimidación” para que le dé toda la pasta que lleva en los bolsillos. Todo ello mientras blande en su mano derecha un bardeo con hoja de unos diez centímetros de longitud que ahora mismo ya tiene el ciudadano ejemplar en la zona abdominal, oprimiéndole ligeramente los intestinos. Parece que la tarde perfecta no lo va a ser tanto. Y  comienza el espectáculo.

-          Pero hombre,  un poco de decoro…., -comenta el ciudadano ejemplar. 
-     Por alusiones, ¿cómo comprendes que te voy a dar las quinientas pesetas que llevo, si es lo único que tengo para pasar la tarde con mi novia?
-          ¡No me jodas y dámelo todo! –contesta el otro.
Al tiempo, se reafirma en su intimidación con un marcado golpe de muñeca que oprime la piel otro par de milímetros. Por si la cosa no estuviese clara.
-          No hombre no,  esto hay que hablarlo. Todo es negociable. Si quieres....., te doy una parte, pero todo..... ¡no hombre no….!
-          ¡Me estás chinando tío! –espeta el otro entre balbuceos.

El prenda, desencajado por la situación, bracea gesticulante intentando argumentar sus razones. En plan yo soy el atraca, me estás desvirtuando mi rol y eso no puede ser, tu obligación es entregarme todo y asustarte mucho. Pero lejos de causar la reacción esperada en su víctima, cumpliendo con su papel en estos casos, se encuentra con una que aborda la situación  desde dentro y trata de desdibujarla con un argumento a medio camino entre lo comprensivo y lo reprobable. Pura y dura política criminal ad hoc. En este contexto, el final de la historia se la pueden imaginar.

Sería bueno que para todo hubiese un término medio. Y este que se plantea es un ejemplo claro de cómo quien es requerido “entiende” la victimización en sus dos variantes, la suya y la del sirlero incapaz de completar su papel por la presencia de un argumento demoledor. En plan, oye tío, yo puedo entender que tu situación sea la consecuencia de unos cuantos eslabones rotos en el proceso de socialización, factores primarios y secundarios tocados de muerte, marginalidad, drogodependencia  y todo lo que tú quieras, pero entiéndeme también a mí.

Esta difuminada realidad criminal que introduce una variante extraña, le da al acto y sus  circunstancias un halo de romanticismo. Una esperanza, si cabe. Ya que la  delincuencia es consustancial a la sociedad en la que vivimos, podría plantearse así, en plan solidario y en  términos de camaradería.

 Desgraciadamente la realidad es bien distinta y el evento sui géneris que aquí se plantea es quimérico. En el mundo real hablamos de violencia extrema y gratuita, de bandas organizadas, de delitos tecnológicos, de malversación, de tráfico de estupefacientes, y toda una panoplia de habilidades criminales imparables y establecidas en nuestra vida diaria, yendo más allá de ese “dialogo tenso” que destila cierta armonía en las formas y  comprensión a uno y otro lado. Eso no quiere decir que estas rarezas y otras similares no tengan su cabida dentro del mundo criminal y que, todas ellas tratadas en su conjunto por lo insólitas, no le den al hecho una nueva dimensión más esperanzadora. Algo así como querer recuperar la delincuencia tradicional (tocomochos, nazarenos, piqueros, triles…), caracterizada por el modus hábilis, tan bonachona,  tan elegante, tan respetuosa con el medio y con tanto arte.

Aún así, lo extraordinario del suceso no deja impávido a quien tiene el monopolio sancionador. Poniendo en marcha la maquinaria estatal tratará de ubicar la paradójica  acción criminal en su lugar exacto. Que si atenuantes analógicas, que si eximentes incompletas....,  en fin, lo que se quiera. Pero, ¿qué hay de ese entendimiento? ¿Qué sustrato queda del comportamiento de esa víctima, que acata la situación y resuelve plantarle cara sin negar las razones de quien le acomete, sin olvidar tampoco las suyas? Queda utopía.

sábado, 21 de enero de 2012

Manual Práctico I. CRIMINALÍSTICA (Roberto Carro y Antonio I. Cela)

"Omne ignotum pro magnífico", así es, todo lo desconocido parece magnífico, igual que todo lo oculto en la oscuridad pare que no está, simplemente porque no lo podemos ver. Pero invisibilidad no es sinónimo de inexistencia, y si no: "Cierra los ojos, todo lo que ves es mío".
Así es la escena del crimen. Oscuridad y confusión para los ojos inexpertos pero no vacuidad. De hecho, las evidencias están latentes, esperando en la penumbra a que la Ciencia del investigador las ilumine con su antorcha, las revele igual que la imagen de una película fotográfica, las descubra, las haga visibles.
Y es que, "El mundo está lleno de cosas evidentes en las que nadie se fija ni por casualidad". Elemental ¿verdad?, sí, pero invisible u oculto. Acerquemos pues la antorcha que ilumine la penumbra y nos devuelva las formas de lo que no era sino vacío. "Es un error capital el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente uno comienza a deformar los hechos para encajarlos en las teorías, en lugar de encajar las teorías en los hechos". Es decir, iluminada la aparente nada comenzamos a observar, a dar una interpretación racional de lo que la luz va descubriendo. Y hagámoslo sin prejuicios ya que "nuestras ideas deben ser tan amplias como la naturaleza si aspiran a interpretarla".
Todo lo demás es enfocar la imagen que la luz nos devuelve con la lente adecuada, elegida en base al conocimiento y al ensayo ya que la "ciencia se compone de errores, que a su vez, son los pasos hacia la verdad". Y por fin, ya nítidos los colores, componer el mosaico con las teselas resultantes después de utilizar el filtro de la razón, descartando todas aquellas que queden fuera de la criba, y así, "una vez descartado lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, debe de ser la verdad".


DE LAS LUCES Y LAS SOMBRAS. Reflexiones compartidas.
Por Sherlock Holmes, Galeano, 
Julio Verne y Ernesto Ruiz Garrido

Monográfico de Dactiloscopia (SECCIF-UNICYL). Roberto Carro Fernández


El manual que les presentamos es, aparte de una sencilla herramienta, pero necesaria para quienes deseen conocer su “código de barras dactilar” -su “clave de acceso” a su identidad-, un homenaje a los investigadores que durante este largo camino de conocimiento, que es la identificación lofoscópica, han volcado en ella la consecución paulatina de sus logros, hasta llegar al punto donde hoy nos encontramos.
Atrás va quedando la tinta tipográfica, el rodillo, la plancha, los archivos que guardan interminables fichas decadactilares y clichés fotográficos. Pero no nos quepa la menor duda de que aquéllo es el origen, el armazón sobre el que hoy se asienta un potencial identificativo que sobrepasa con creces los límites que ayer ponían coto a nuestra actividad. Y por eso, porque fueron necesarios y respetados mientras fueron útiles, hay que concederles  el sitio que les corresponde por puro espíritu conservacionista. Los nuevos SAID, los sistemas biométricos de identificación dactilar, llevan en sus genes un  registro cromosómico  de las investigaciones y  pericias iniciadas por Henry Faulds, Sir Francis Galton, William J.  Herschel, Juan Vucetich,  Federico Olóriz Aguilera, Victoriano Mora Ruiz……., y tantos otros que, con su buen hacer, han contribuido a dar forma definitiva  a este logro colectivo que hoy trata, abnegado, de poner nombre y apellidos al delito.

Roberto Carro Fernández 

viernes, 20 de enero de 2012

Presentación del libro "Escombros de la memoria"

      En los próximos meses, haremos la presentación del libro en la Casa Regional de León en Madrid, en Valladolid, en A Coruña, en Gijón...., también en La Bañeza, claro. Y en cada ciudad está previsto amenizar el acto con un concierto. Unas veces será un quinteto de metales (Brass&lladolid); otras veces un filandón a cargo del Dúo Destierro, o el grupo de guitarras de la Casa regional "Virgen del Camino" en Valladolid ..... En fin, el entretenimiento está garantizado.
La puesta en circulación del libro tiene un marcado carácter benéfico, pues parte de la recaudación por su venta está yendo a parar a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), agrupación local de La Bañeza (León) (pincha en el siguiente enlace). Cena benéfica contra el cáncer. Diciembre de 2011

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Presentación del libro "Escombros de la memoria" en al iglesia parroquial de Santiago de Valcabado


Anochecía, era sábado, doce de noviembre del año 2011. A la llegada al pueblo paramés de Valcabado sorprendía la Iglesia iluminada con velas de cera. Se abre la puerta y contemplamos la imagen de un Cristo de estilo románico. Me sorprende el escenario, ondea el pendón del pueblo. Se apagan las luces, de fondo se escucha música gregoriana. El anfitrión,  Roberto Carro, nos saluda y de repente, por el fondo, aparece un monje, se eleva el sonido de la música. La oscuridad se llena de silencio, el monje desaparece. Volvemos al siglo XXI y el grupo de música folk “Alalumbre” nos deleita con la primera canción en sefardí. Los amigos de Roberto nos van descubriendo facetas del autor y nos llenan de intriga leyendo algunos párrafos del libro que se nos presenta “Escombros de la Memoria”, un libro que recorre la historia del Páramo leonés, desde Valcabado del Páramo, con apuntes de su fundación en un monasterio en el año 950, pasando por la historia de los tres emparedados descubiertos en la Ermita de Santo Tirso en Navianos de la Vega, al lado de la mítica barca que se utilizaba para cruzar el río. Entre lectura y lectura seguimos disfrutando del grupo “Alalumbre”. Termina el acto, nuestros huesos se resienten del frío, Roberto se emociona con los agradecimientos y nos comunica que todos los beneficios de la venta del libro se destinarán a la asociación de la lucha contra el cáncer de La Bañeza. Se escuchan los últimos aplausos, se enciende la luz, comenzamos a abandonar los asientos centenarios de madera, felicitamos a Roberto, compramos el libro, nos lo dedica y nos despide con un abrazo. Gracias Roberto por tu generosidad.
José Manuel Pérez Villar




Presentación del libro en la casa de León en Madrid
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Casa de León
Madrid

La Casa de León en Madrid, tiene el honor de invitarles a la presentación del libro “ Escombros de la Memoria” de Roberto Carro, escritor y profesor  de ciencias de la  Investigación Criminal de la Universidad de Salamanca y del Centro Universitario Villanueva de Madrid.
Junto a
él intervendrán : . José Rafael Álvarez : Presidente de la Casa de León . Juan Enrique Soto (Escritor)
. Antonio I. Cela :
(Profesor de Ciencias de la Investigación Criminal de la Universidad de Salamanca y del Centro Universitario Villanueva de Madrid.
Amenizara la presentación :
Brass & Lladolid quinteto de metales

            
Viernes 16 de marzo de 2012 a la 19:30 horas en la Calle del Pez, 6 

domingo, 15 de enero de 2012

Se ha dicho... sobre el libro de rutas, Íter (La Crónica de León)



Los caminos de la memoria
El leonés Roberto Carro reivindica en su libro 'Íter' la memoria histórica a través de cinco rutas cicloturistas de Castilla y León y pide mayor implicación en el cuidado y señalización de estos caminos.
Juan López       06/01/2010


“El paisaje es memoria”. 19 años después de que el escritor y periodista leonés Julio Llamazares resumiera en esas cuatro palabras su viaje al río del olvido, otro joven procedente de esa provincia, aunque en este caso paramés y no montañés, reinventa esa cita y, a lomos de su bicicleta, reivindica la tan de moda memoria histórica con la publicación de su primer libro ‘Íter’, cuyo título ya supone la primera metáfora del mismo. Roberto Carro Fernández (Valcabado del Páramo, 1971), ha recorrido desde 2003 varias rutas cicloturistas de la Comunidad, cinco de las cuales ha decidido plasmarlas en esta sencilla obra que representa en cada viaje un ejercicio de evocación para no olvidar la procedencia de las personas y conocer el destino.

Cubierta del libro
El Canal de Castilla y sus caminos de sirga, el Valle del Silencio leonés, Babia, la extensa ruta del Duero hasta Oporto y la Vía romana de la Plata son las elegidas para figurar en un pequeño libro de algo más de 80 páginas que busca dejar la impronta “de andar por casa, de una manera sencilla y, sobre todo, evitando rifirrafes políticos”, tal y como el propio autor señala. También ha recorrido Los Ancares y lugares recónditos de Soria, donde ahora reside. Sus retos para el verano de 2010 se centran en el Ebro y los Picos de Europa, entre Cangas (Asturias) y Potes (Cantabria).
Rodar por los caminos viejos de la historia reconforta y mantiene a salvo a las personas. “Es algo así como escuchar las palabras sabias de tu abuelo. Cuando lo haces te sientes seguro, arropado y pleno de satisfacción. Vivimos demasiado deprisa y en el camino encuentras la calma que no tienes el resto de los días. El tiempo se dilata y no apremia y además es una buena terapia para hacer una cura de humildad”, relata.
Carro describe la aventura que supone recorrer los caminos de Castilla y León mediante el uso de metáforas, adjetivos y citas poéticas, la mejor manera de ponerse en la piel de la soledad de la ruta, el viento, el esfuerzo, una puesta de sol, la libertad. Es como querer pintar un cuadro con una paleta monocromo; la textura del viaje y todo lo que le rodea necesita ese toque de color. “Yo soy un advenedizo en esto de darle a la tecla y, analizando mis pinitos, veo que se va forjando un estilo personal”, comenta.
Aunque para viajar durante algunos días por estos caminos de antiguos pobladores es mejor hacerlo acompañado, el primero que realizó, por el Canal de Castilla, le supuso la primera anécdota de su carrera cicloturista. En una noche cerrada de marzo de 2003, cayó a las gélidas aguas de la infraestructura histórica, con todo el andamiaje que supone circular en bicicleta por los caminos de sirga. Sólo una persona que desea volver a los comienzos puede sufrir ese traspié.



Hermanamiento portugués

En su ruta desde Duruelo de la Sierra (Soria) hasta la desembocadura del Duero en Oporto, Carro convivió con la cultura antigua y moderna que supone este eje para la región. Además de recordar en el libro la recepción de los castellanos y leoneses, subraya que fue muy grato el acogimiento brindado por los vecinos lusos. Sobre ello y la importancia de hermanamiento que existe hoy entre Portugal y la Comunidad, Carro reconoce que tenía dudas respecto del recibimiento que podían dar los portugueses, pero agradece su “amabilidad y ejemplo”.
Considera que el Duero juega un papel fundamental porque hermana a los dos países, que no tienen nada que disputar y el río “es el primer ejemplo de unión y generosidad”. “Su agua cierra embalses, produce electricidad y da frescura a los vinos de uno y otro lado. La naturaleza a veces nos sorprende con estos misterios. En nuestra mano está que podamos compartirlos cordialmente”, aboga Roberto en un intento de fomentar el enlace entre dos tierras tan cercanas geográficamente y lejanas en el pensamiento.

Emociones y recuerdos

Como no podía ser de otra forma, los viajes suponen incontables emociones. En los Valles de Babia y Luna era obligado traer al recuerdo la trashumancia que tanto unió la montaña leonesa y la Meseta. “No cabe duda que ello ha supuesto un hito en la historia de nuestro país y eso merece memoria”. Entonces, ¿cómo no nombrar al merinero Primitivo Morán de Barrios de Luna y tantos otros que durante tantos años “dignificaron” con tanto esfuerzo el trabajo comenzado por sus antepasados? También hay un recuerdo en la obra para el paso del abuelo del protagonista por Baños de Montemayor (Cáceres), en la Ruta de la Plata, otro ejemplo que explica que “sólo hay que salir a los caminos y ver que la historia está ahí, esperando ser recordada cuando no descubierta”.
Precisamente en este recuerdo que se aprecia en cada rodadura de la bicicleta se sitúa la imagen de pueblos anegados por embalses, gentes preparando su exilio renunciando a su territorio por la imperiosa obligación que supone la subsistencia de otros paisanos. “Es ley de vida que unos se tengan que sacrificar por los otros para que todos podamos vivir más dignamente. Es un principio universal que requiere de una buena explicación y, sobre todo, de vivir en propias carnes el problema ajeno; de este modo habremos entendido un poco más la necesidad del otro”.

Denuncias

El libro también ha servido para poner en valor dos denuncias al estado de los caminos. En primer lugar, lamenta la falta de “sensibilidad política” en la señalización de algunas vías, aspecto diferenciado en la Ruta de la Plata a su paso por Extremadura, “perfectamente señalizada” si la comparas con su paso por Castilla y León, donde pierde abolengo quizás, por cuestión de dejadez o falta de reivindicación.
Carro argumenta este hecho en la influencia de administrar eficientemente el patrimonio cultural. “El de Castilla y León es enorme y habrá quien diga que primero son las iglesias románicas antes que las tablillas, las losas o los miliarios de la Vía de la Plata. Como todo es importante, lo ideal sería ir haciéndolo todo, poco a poco, pero hacerlo”.
La segunda, la despoblación, una característica negativa que marca el desarrollo de Castilla y León. Según explica, a todo el mundo le gusta pedalear o perderse en un despoblado porque es algo “misterioso, evocador”. Sin embargo, todo ello esconde una razón “trágica” y de nuevo cita la memoria. En este sentido, sostiene que no se puede condenar los orígenes, “hay que hacer un esfuerzo por mantener el caudal de gente y revitalizar los pueblos”.
Aquí, añade, las administraciones juegan un papel importante, “pero no lo es menos el de la gente de a pie, que tiene que luchar y reivindicar en lo que cree. “Que no parezca que es una batalla perdida de antemano. A mí me hace mucha gracia cuando la gente dice que se va a hacer turismo rural cuando eso, traducido al Román Paladino, es ir al pueblo de toda la vida, donde naciste”. Pues eso, volvamos al pueblo.
Roberto Carro esconde algo más detrás de su insaciable gusto por las dos ruedas y los pedales. Aprovechará su carrera profesional, ligada a la criminología –también docencia en varias universidades-, para la elaboración de su próxima obra: una mezcla, que aún no tiene nombre, de usos y costumbres de la comarca leonesa del Páramo con un trasfondo y trama criminológica.

Se ha dicho... sobre el libro Íter (El norte de Castilla, Revista GPS)


GPS

Castilla en bicicleta

Roberto Carro recoge sus vivencias y recorridos por los parajes de Castilla y León en el libro 'Íter' 

 Mi amigo Juan Enrique Soto leyó Íter. Pincha en el siguiente enlace: 
http://terminedeleer.blogspot.com/2011/11/iter.html


Quizá el mejor título para una guía de viajes dedicada a los parajes de Castilla podría haber sido 'Camino', pero, además de haber obras con nombres similares, queda mucho más sinuoso e intelectual 'Íter'. Con este libro, Roberto Carro ha mantenido la estructura y el armazón de otras guías «dando un paso más, intentando poner de manifiesto el viaje interior de quien ha abordado cada ruta, invitando a todo aquel que lo desee a compartir una experiencia de vida que puede llegar plena si se emprende con la mirada humilde, íntima y calmada de quien observa todo aquello que nos rodea y que es, seguramente, una aproximación a nuestra propia existencia».
El Canal de Castilla, el Valle del Silencio, la Ruta del Duero, Babia y la Vía de la Plata son los cinco lugares plasmados por este viajero tan peculiar en el libro 'Íter', con sus respectivas descripciones minuciosas de cada uno de los paisajes que le rodeaban durante sus viajes. De esos cinco, Roberto Carro se queda con el primero por ser «el que supuso el pistoletazo de salida a lo que hoy es ya una debilidad ansiosa que se acentúa cuando el campo empieza a verdear, anunciándose así el tiempo propicio para salir otra vez a los caminos. Además, éste fue el único que realicé en solitario, lo que supuso un plus de encanto e intensidad. Uno es más consciente de sus limitaciones cuando se afrontan determinados retos en solitario, con lo que tratas de superarte por lo que pueda ocurrir. Disfrutas y además aprendes a conocerte mucho mejor».
Respecto al tema de realizar los viajes solo o con alguien que le aguante el ritmo a lomos de su bicicleta, tiene claro que «siempre elegí a la persona que quería que me acompañase. Dicho de otro modo: uno pretende disfrutar y también hacer disfrutar a quien le acompaña, por eso tienes que buscar una persona que encaje en el plan. No puedes meter a alguien en un berenjenal en el que sabes que va a tener serios problemas para salir de él. Se dice que la convivencia es difícil, y si a esto le sumas unas condiciones poco favorables, pues el fiasco está garantizado».
Emociones
Caminos, viajes, experiencias, sentimientos, paisajes, naturaleza... Todo eso y mucho más viene recogido en el libro 'Íter'. Por ello, el público al que va dirigido es «polivalente, ya que, sin ser una guía de viajes excesivamente técnica, incluye esa especie de poética que utilizo como herramienta cuando describo cada hito, cada sensación por la ruta. Así, pretendí darle un giro al modo de contarlo, dejando al descubierto unas veces, e intuyendo otras, esa semblanza personal que uno hace cuando se emociona con lo que ve. También el anecdotario así contado cierra el propósito del viajero que pretende, humildemente, trabar con armonía unas cuantas frases. Por lo tanto, 'Íter' va dirigido a todo aquel que quiera ver y disfrutar la vida de un modo especial y nada aburrido».
Lo cierto es que, cuando comenzó a viajar, Roberto no tenía intención de escribir ningún libro. Pero con el paso del tiempo se le fueron acumulando las notas que tomaba en cada viaje y un día probó a unirlas. «Empezó siendo un reto personal, probándome a mí mismo para ver si, por un lado, era capaz de unirlas dignamente, y por el otro, ya unidas, hacerlas llegar, compartirlas con los demás para que mi disfrute lo fuera también con los que un día decidiesen acercarse a la invitación. Lo que está claro es que nunca he tenido un propósito de acercamiento global, tampoco pretensión literaria alguna; tan sólo he querido compartir lo que para mí supone un estilo de vida sano y coherente. Uno pretende contar cosas del mejor modo que sabe; está claro que si pones ilusión en algo esa misma ilusión será compartida y disfrutada por los demás».
Ciertamente, las palabras de Roberto suponen un acercamiento literario a aquellos parajes llenos de color, luz y naturaleza que se pueden encontrar en la región de Castilla y León e 'Íter' es una mezcla de «esfuerzo, ilusión, historia y libertad, que se conjugan armónicamente para dar forma a una inquietud, que tiene al final un solo argumento: la felicidad».

Se ha dicho... sobre Escombros de la memoria (El Adelanto Bañezano)

En primer lugar enhorabuena por este libro, que, además de instruir, es sumamente entretenido.

Gracias, para mí también lo ha sido. Bucear en la trastienda de la historia más íntima, tiene la grandeza de humanizar y de no perder la perspectiva de que todo cuanto acontece es efímero y que siempre estamos de paso. Tener claros los referentes te hace ser más humilde. Uno no es más importante que otro porque ahora le toque vivir este tiempo.    

¿Qué quiere decir "Escombros de la memoria?

 Tras él se esconde el afán por recomponer ese pequeño mosaico que es nuestra intrahistoria; la que está diseminada por aquí y por allá; unas veces es el testimonio de la gente y, otras, los documentos o referencias a hechos puntuales que graban el acontecer de un pueblo. La memoria rota, sus escombros, los podemos hilar como lo haría un antropólogo; y esos mismos escombros –la norma social quebrantada y hecha jirones a causa del delito y sus franquicias-, también tienen aquí su particular resarcimiento o recomposición. Ambas cosas pretenden conjugarse en la novela y en el título.  
  
¿Crees que la leyenda se funde con la historia?

Sí. He tomado como referencia acontecimientos puntuales de otro tiempo, hechos reales, historia al fin y al cabo, sobre los que construir la trama que desarrollo. El resultado es una fusión de usos, costumbres, historia y ficción criminológica. Una mixtura poco habitual, pero que ha ido engranando sin dificultad.

La intriga y el suspense jalonan el argumento, con dos personajes, mentor y discípulo, como hilo. ¿Qué pretendes al hacerlo?

Tenía que personalizar la trama. Consciente o inconscientemente, quise rendir tributo al tándem formado por Sherlock Holmes y su acólito Watson, o a aquel otro formado por Fray Guillermo de Baskerville y su ayudante Apso, del libro y película “El nombre de la Rosa”. Esta vez serían producto nacional y del Páramo Bajo Leonés. Se llamarían Juan Herminio y Demetrio, cura y mozo solterón.   



¿Por qué los títulos de los capítulos en latín y con connotaciones religiosas?

Es un homenaje más a lo antiguo. Al tiempo, quiero darle un toque de misterio, de cierta evocación nostálgica. Parece que todo lo que tiene que ver con los códices antiguos, los tapiales derruidos de viejos monasterios, las horas de oración, la farmacopea de botamen y monje herbolario…, te introducen, sí o sí, en la intriga.    

Me ha gustado la frase: la vida es el arte del encuentro.

Es verdad. Quien camina con la mirada abierta, se da cuenta de que todo cuanto acontece palpita y tiene vida propia. Saberla reconocer sólo requiere de pequeñas dosis de inquietud y humildad. Todo cuanto pasa por el tamiz de nuestra mirada es enriquecedor, creativo. Así visto, el paso por la vida se hace arte; siempre a la busca del encuentro, de las sensaciones que habitan en las infinitas formas.

¿Qué aporta la combinación de esta tierra, sus gentes y sus tradiciones, con la criminología?

Combinar  tradiciones con criminología, pudo ser un atrevimiento; pero la mezcla de las dos hace que, donde acaba lo etnográfico, comienza lo criminológico y viceversa. Un calidoscopio de formas muy sugerente.
Valoras los oficios: carpintero, herrero...
Claro, porque lo tecnológico está produciendo unos vacíos de conciencia preocupantes. En aquellos oficios de antaño, había una comunión con la naturaleza que hoy es impensable. Aguzar una reja o cepillar un trozo de madera de nogal, denotaba cierta hermandad y  respeto por los recursos. Hoy, la tecnología provoca cierta anomia, un desplazamiento de todos aquellos valores que yo considero necesarios por lo humanos que son.    


Utilizas la expresión "buena gente". ¿Crees que sigue en uso?

Sí, y además abogo porque, cuando alguien es merecedor de esta expresión que tan sencillamente resume la bonhomía de algunas personas, se haga sin rubor. Sin complejos.

¿Qué intentas comunicar al lector?

Que sea coherente con la forma de pensar y hacer. Lo que para mí supone un estilo de vida. Compartirlo, es agrandar los límites de esa expresión que me decías antes de que la vida es el arte del encuentro.

Vas a donar parte de las ventas a la AECC de La Bañeza.

Te hablaba antes de intentar ser coherente con un estilo de vida. Pues esta es una de esas acciones que redondean la expresión. Alguien dirá que hay otras acciones más solidarias. Si he escogido ésta, no ha sido por casualidad. Conozco su trabajo muy de cerca por razones familiares.